Para profundizar más:
No solo de pan vivirá el hombre
No solo de pan vivirá el hombre
1. La Biblia fue inspirada por Dios
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17)
“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:20-21)
La inspiración no significa que Dios entregara un libro ya terminado. Dios comunicó su mensaje por medio del Espíritu Santo a seres humanos que lo escribieron en su propio lenguaje, personalidad y contexto. Por eso Pedro puede decir que fueron hombres quienes hablaron y, al mismo tiempo, que fueron movidos por el Espíritu Santo.
2. Es su revelación y guía para el ser humano
“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” (Deuteronomio 29:29)
“Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y lumbrera a mi camino.” (Salmo 119:105)
Dios no nos ha revelado todo lo que podríamos querer saber, pero sí lo que necesitamos para conocerlo, entender su voluntad y encontrar el camino de la salvación. La imagen del salmista es hermosa: la Biblia es una lámpara. No necesariamente ilumina todo el camino de una sola vez, pero proporciona suficiente luz para dar el siguiente paso.
3. Es una fuente de instrucción y sabiduría
“Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 3:15)
“Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;
Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.
Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;
Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
Tu siervo es además amonestado con ellos;
En guardarlos hay grande galardón.” (Salmo 19:8-11)
La sabiduría bíblica va más allá de adquirir información. Pablo dice que las Escrituras nos pueden hacer “sabios para la salvación”. Nos enseñan quién es Dios, quiénes somos nosotros, qué está mal con la humanidad y cuál es el camino de regreso a Dios.
4. Jesús y la salvación son los temas centrales de la Biblia
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” (Juan 5:39)
“Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.” (Lucas 24:25-27)
Jesús mismo nos proporciona la clave para interpretar la Biblia: las Escrituras conducen a él. En Génesis aparece la promesa; en el sistema del santuario aparece el sacrificio; en los profetas aparece el Mesías prometido; en los Evangelios llega Jesús; en Hechos se proclama su salvación; en las epístolas se explica el significado de su obra; y en Apocalipsis Cristo vence vuelve como Rey.
Por eso la Biblia no es principalmente una colección de historias independientes. Es la gran historia de Dios buscando y salvando al ser humano perdido.
5. Jehová revela su plan y el futuro en su Palabra
“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” (Amós 3:7)
“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.” (Isaías 46:9-10)
La profecía bíblica no fue dada simplemente para satisfacer nuestra curiosidad acerca del futuro. Revela algo mucho más importante: Dios conoce el final desde el principio y la historia no está fuera de su control.
6. Es importante alimentar el alma diariamente leyendo la Palabra de Dios
“Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4)
“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.” (Jeremías 15:16)
Jesús establece una comparación extraordinaria: la Palabra de Dios es alimento.
No comemos una vez por semana esperando que esa comida nos sostenga durante siete días. Nuestro organismo necesita alimento regularmente. Jesús enseña que nuestra vida espiritual también necesita alimento.
Por eso la lectura diaria de la Biblia no debe entenderse simplemente como una obligación religiosa. Es nutrición espiritual. La Palabra no debe simplemente leerse; debe ser asimilada.
7. La Palabra de Dios es viva y eficaz y tiene un efecto poderoso en la mente y en el alma
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12)
“¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29)
Estos dos pasajes presentan tres imágenes extraordinarias de la Palabra:
una espada — un fuego — un martillo.
La espada penetra.
El fuego purifica.
El martillo quebranta.
Por eso podemos leer otros libros y obtener información. Pero cuando abrimos la Palabra de Dios con un corazón receptivo, podemos terminar descubriendo cosas acerca de nosotros mismos. Hebreos dice que llega hasta “los pensamientos y las intenciones del corazón”.
8. La lectura de la Biblia alimenta y fortalece la fe
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17)
“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Romanos 15:4)
“La fe que nos capacita para recibir los dones de Dios, es en sí misma un don del cual se imparte una porción a cada ser humano. Aumenta a medida que se la usa para asimilar la Palabra de Dios. A fin de fortalecer la fe debemos ponerla a menudo en contacto con la Palabra.” La educación, p. 230.
Cuando leo cómo Dios dirigió a Abraham, José, Moisés, David, Daniel y los apóstoles, comienzo a comprender que el Dios que actuó en sus vidas es el mismo en quien puedo confiar hoy.
9. Dios nos habla a través de la Biblia
“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.” (1 Tesalonicenses 2:13)
“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones,
Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto.” (Hebreos 3:7-8)
El autor de Hebreos está citando el Salmo 95, escrito siglos antes. Sin embargo, no dice simplemente: «David escribió». Dice: “Como dice el Espíritu Santo… Si oyereis hoy su voz.”
La Palabra escrita, siglos antes, se convierte en la voz de Dios que habla hoy. Por eso, cuando abrimos la Biblia, nuestra oración puede ser muy sencilla: “Señor, ¿qué quieres decirme hoy por medio de tu Palabra?”
10. El Espíritu Santo obra en tu corazón cuando lees la Biblia
“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:13-14)
“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día.” (Lucas 24:45-46)
Aquí hay una diferencia importante entre leer la Biblia y comprenderla espiritualmente.
Los discípulos conocían las Escrituras. Habían escuchado esos textos muchas veces. Pero Lucas dice: “Entonces les abrió el entendimiento.”
El Espíritu Santo hace algo semejante con nosotros. Nos ayuda a ver en el texto aspectos espirituales que quizás habíamos leído muchas veces sin comprender realmente.
Por eso el estudio de la Biblia debería comenzar con oración. “Señor, abre mi entendimiento. Háblame por medio de tu Palabra.”
11. El Espíritu Santo transforma tu mente y tu vida cuando lees la Biblia
“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Juan 17:17)
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3:18)
El propósito de la Biblia no es solamente producir información, sino también obrar transformación. Y Pablo explica cómo ocurre: contemplamos al Señor y somos transformados por el Espíritu.
La Biblia me muestra a Cristo.
El Espíritu Santo me ayuda a verlo y comprenderlo.
Al contemplar a Cristo, el Espíritu Santo comienza a transformarme a su semejanza.
“A fin de fortalecer la fe debemos ponerla a menudo en contacto con la Palabra.” La educación, p. 230.
El Libro Eterno
Tengo un libro de sublimes páginas
que nunca envejece, que siempre está nuevo.
y es que encierra misterios de gloria
y da a nuestras vidas divinos consejos.
Este libro precioso y sublime
es luz para el alma y pan al hambriento;
y es agua de vida que limpia y redime
y apaga la sed al sediento.
Cuán grande enseñanza, ¡oh Libro bendito!
me das en las horas de pena y solaz;
¡oh, fuente amorosa del Dios infinito,
tú inundas mi vida de gozo y de paz!
No importa que osado el hombre pretenda
negar los conceptos de vida y de luz;
no importa que airado, él cambie la senda
que lleva sus pasos al pie de la cruz.
Tú, Libro bendito, eres monumento
que siempre señala la ruta ideal;
tú eres la Palabra cuyo fundamento
descansa en la fuerza del Dios eternal.
¡Salve, Libro hermoso! Pues por las edades,
de un siglo a otro siglo, permanecerás,
aunque el hombre indigno, con sus falsedades,
pretenda ignorar tu eterna verdad.
N. Solero