1. Orar es el acto de abrir el corazón a Dios.
⁸ «Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.» (Salmo 62:8)
«Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo.» (El Camino a Cristo, cap. 11).
2. Podemos usar nuestras propias palabras al hablar con Dios.
⁸ «Derramad delante de él vuestro corazón.» (Salmo 62:8)
⁶ «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.» (Filipenses 4:6)
«Presentad a Dios vuestras necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores.» (El Camino a Cristo, cap. 11).
3. Él está atento a las oraciones de sus hijos.
¹⁵ «Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.» (Salmo 34:15)
¹² «Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones.» (1 Pedro 3:12)
4. No siempre responde como pedimos, pero sí de acuerdo con su voluntad.
¹⁴ «Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.» (1 Juan 5:14)
⁴² «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» (Lucas 22:42)
5. Debemos confiar en su voluntad y providencia cuando oramos.
⁵ «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. ⁶ Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.» (Proverbios 3:5-6)
⁵ «Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.» (Salmo 37:5)
6. Debemos orar con fe.
⁶ «Pero pida con fe, no dudando nada.» (Santiago 1:6)
²⁴ «Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.» (Marcos 11:24)
7. En la oración podemos alabar a Dios.
⁴ «Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre.» (Salmo 100:4)
¹ «Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre.» (Salmo 103:1)
8. Debemos dar gracias a Dios cuando oramos.
² «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.» (Colosenses 4:2)
⁶ «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.» (Filipenses 4:6)
9. La lectura de la Biblia y la oración son hábitos importantes de comunión con Dios.
¹¹ «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.» (Salmo 119:11)
² «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.» (Colosenses 4:2)
«Por medio de la naturaleza y de la revelación, por su providencia y por la influencia de su Espíritu, Dios nos habla. Pero esto no basta; necesitamos abrirle nuestro corazón.» (El Camino a Cristo, cap. 11).
10. Jesús dedicaba tiempo a la oración.
¹⁶ «Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.» (Lucas 5:16)
³⁵ «Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.» (Marcos 1:35)
11. Es importante que el seguidor de Jesús dedique tiempo a la oración cada día.
² «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.» (Colosenses 4:2)
¹⁷ «Orad sin cesar.» (1 Tesalonicenses 5:17)
«Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo.» (El Camino a Cristo, cap. 8).
12. Puedes confiar en que Dios escucha tus oraciones.
¹⁷ «Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias.» (Salmo 34:17)
¹⁴ «Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.» (1 Juan 5:14)
«Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeño que él no lo note.» (El Camino a Cristo, cap. 11).
Sentada está a los pies del dulce Nazareno
María la piadosa, que escucha sin cesar
las bellas enseñanzas de aquel Maestro bueno,
de aquel que con su verbo magnífico y sereno
las almas de los hombres solía conquistar.
Los ojos de la joven de lágrimas se llenan,
sus labios en un rictus de éxtasis están;
pues notas celestiales, armónicas resuenan
que quedan y sutilmente el alma le encadenan
al que salvarle quiere con amoroso afán.
En tanto presurosa y sumida en labor ruda
de Marta se oyen quejas que llegan a Jesús:
“Señor, dile a mi hermana que venga ya en mi ayuda,
que no es fácil tarea, ni carga tan menuda
la que he de hacer yo sola, si no intercedes tú.”
Jesús torna un instante su rostro a la que habla,
la mira compasivo y le dice con piedad:
“Escucha, Marta, Marta, tus luchas te han turbado;
ya ves la parte buena tu hermana ha separado,
la cosa necesaria que no le han de quitar.”
Así de esta vida ingrata te vence su cuidado
y hundido en sus afanes te encuentras más y más;
recuerda que amorosa constante está a tu lado
la voz que te previene: “Muy cuidadosa estás.”
Pastor Raúl Villanueva