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Necesito ver a Jesús
Necesito ver a Jesús
1. Dios puso en el corazón de Zaqueo la necesidad de ir a ver a Jesús.
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” Juan 6:44
“Antes que Zaqueo mirara el rostro de Cristo, había iniciado la obra que ponía de manifiesto que era un verdadero penitente. Antes que fuera acusado por el hombre, había confesado su pecado. Se había rendido a la convicción del Espíritu Santo, y había empezado a seguir la enseñanza de las palabras escritas para el antiguo Israel tanto como para nosotros.” El Deseado de Todas las Gentes, p. 508.
2. El Espíritu Santo te invita a creer en Jesús y aceptarlo como tu Salvador.
“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiere, tome del agua de la vida gratuitamente.” Apocalipsis 22:17
3. El Espíritu Santo es Dios hablando a tu conciencia para animarte a tomar buenas decisiones.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Romanos 8:14
“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo.” Romanos 9:1
4. No debes desechar la invitación ni el consejo de Dios.
“Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras.” Proverbios 1:23
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” Efesios 4:30
5. Seguir la inclinación del corazón pecaminoso lleva a problemas y a la perdición.
“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.” Proverbios 14:12
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” Gálatas 6:8
6. El Espíritu Santo realiza una obra de transformación en tu vida cuando aceptas a Jesús.
“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.” Tito 3:5
“Pero tan pronto como Zaqueo se rindió a la influencia del Espíritu Santo, abandonó toda práctica contraria a la integridad.” El Deseado de Todas las Gentes, p. 509.
7. La salvación no se gana por los méritos personales sino por la gracia de Dios y la fe en Cristo.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9
“Es el mérito del Señor Jesús lo que nos salva y su sangre lo que nos limpia.” El Camino a Cristo, p. 95.
8. Dios se compromete con tu salvación cuando aceptas a Jesús.
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Filipenses 1:6
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” Juan 15:4
“Cuando Cristo es recibido como Salvador personal, la salvación viene al alma. Zaqueo no había recibido a Jesús meramente como a un forastero, sino como al que moraba en el templo del alma. Los escribas y fariseos, que le acusaban de ser pecador, murmuraron contra Cristo porque se hizo su huésped, pero el Señor le reconoció como hijo de Abrahán.” El Deseado de Todas las Gentes, p. 510.
9. Aceptar a Jesús y decidir seguirle es una decisión que no debes posponer.
“Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” 2 Corintios 6:2
10. Dios les dará la vida eterna, libre de pecado, a quienes acepten a Jesús.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16
“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” 2 Pedro 3:13
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
Lope de Vega, Rimas sacras (1614).