¹ En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén, y todos, salvo los apóstoles, fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria. ² Unos hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. ³ Saulo, por su parte, asolaba la iglesia; entrando casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres y los enviaba a la cárcel.
⁴ Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Hechos 8:1-4.
¹ Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote ² y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallaba algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajera presos a Jerusalén.
³ Pero, yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente lo rodeó un resplandor de luz del cielo; ⁴ y cayendo en tierra oyó una voz que le decía:
—Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
⁵ Él dijo:
—¿Quién eres, Señor?
Y le dijo:
—Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
Resistir la dirección del Espíritu Santo es como patear el aguijón; lo único que se logra es lastimarse uno mismo.
⁶ Él, temblando y temeroso, dijo:
—Señor, ¿qué quieres que yo haga?
El Señor le dijo:
—Levántate y entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que debes hacer.
⁷ Los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, porque, a la verdad, oían la voz, pero no veían a nadie. ⁸ Entonces Saulo se levantó del suelo, y abriendo los ojos no veía a nadie. Así que, llevándolo de la mano, lo metieron en Damasco, ⁹ donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
¹⁰ Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión:
—Ananías.
Él respondió:
—Heme aquí, Señor.
¹¹ El Señor le dijo:
—Levántate y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso, porque él ora, ¹² y ha visto en visión a un hombre llamado Ananías, que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista.
¹³ Entonces Ananías respondió:
—Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; ¹⁴ y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
¹⁵ El Señor le dijo:
—Ve, porque instrumento escogido me es este para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de reyes y de los hijos de Israel, ¹⁶ porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
¹⁷ Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo:
—Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.
¹⁸ Al instante cayeron de sus ojos como escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado; ¹⁹ y habiendo tomado alimento, recobró las fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
²⁰ En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios. ²¹ Y todos los que lo oían estaban atónitos, y decían:
—¿No es este el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes? Hechos 9:1-21.
Así como Saulo, escuchar la voz de Jesús y ser guiado por el Espíritu Santo transformará tu vida.