1. Cuando Jesús regresó al Padre, dejó al Espíritu Santo encargado de continuar su obra de salvación en la tierra.
«⁷ Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré». Juan 16:7.
«¹⁶ Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre». Juan 14:16.
«El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero despojado de la personalidad humana e independiente de ella». El Deseado de Todas las Gentes, p. 622
2. El Espíritu Santo es Dios, quien habla al pecador y lo convence de su pecado.
«³ Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? ⁴ Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios». Hechos 5:3-4.
«⁸ Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio». Juan 16:8.
«Todo deseo de verdad y pureza, toda convicción de nuestra propia pecaminosidad evidencian que su Espíritu está obrando en nuestro corazón». El Camino a Cristo, p. 26,
3. El Espíritu Santo nos conduce a Jesús, quien es nuestro Salvador.
«¹⁴ Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber». Juan 16:14.
«Cristo debe ser revelado al pecador como el Salvador que murió por los pecados del mundo». El Camino a Cristo, p. 26
4. El Espíritu Santo procura tocar nuestro corazón y convencernos de nuestra necesidad de salvación.
«¹⁰ Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse». 2 Corintios 7:10.
«Tan imposible es arrepentirse si el Espíritu de Cristo no despierta la conciencia como lo es obtener el perdón sin Cristo». El Camino a Cristo, p. 26
5. El Espíritu Santo nos habla cuando leemos la Biblia.
«²¹ Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». 2 Pedro 1:21.
«¹³ Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir». Juan 16:13.
6. El Espíritu Santo puede hablarnos mediante una predicación, una canción o las pruebas y circunstancias de la vida.
«¹⁷ Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Romanos 10:17.
«Dios nos habla por la naturaleza y por la revelación, por su providencia y por la influencia de su Espíritu». El Camino a Cristo, p. 93
7. El Espíritu Santo insiste en captar nuestra atención y conducirnos al arrepentimiento.
«⁵¹ ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros». Hechos 7:51.
8. El Espíritu Santo se entristece cuando no escuchamos su voz.
«³⁰ Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención». Efesios 4:30.
«La conciencia es la voz de Dios que habla en medio del conflicto de las pasiones humanas; al desoírla se contrista al Espíritu de Dios». La Fe por la Cual Vivo
9. Debemos cuidarnos de no resistir el llamado y las instrucciones del Espíritu Santo.
«¹⁹ No apaguéis al Espíritu». 1 Tesalonicenses 5:19.
«¹⁵ Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación». Hebreos 3:15.
«El pecado contra el Espíritu Santo consiste en rechazar persistentemente la invitación al arrepentimiento». La Fe por la Cual Vivo, p. 60
10. El Espíritu Santo procura guiarnos por el camino de la verdad y del bien.
«¹³ Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir». Juan 16:13.
«Mas sin la dirección del Espíritu Santo estaremos continuamente expuestos a torcer las Sagradas Escrituras o a interpretarlas mal». El Camino a Cristo, p. 110
11. Somos bendecidos cuando permitimos que el Espíritu Santo dirija nuestra vida.
«¹⁴ Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios». Romanos 8:14.
«²² Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, ²³ mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley». Gálatas 5:22-23.